25.3.09


... Que aburridas me resultan hoy, mis obsesiones y caprichos de ayer ...

Todo aquello que se había convertido en ritual, ahora forma parte de los olvidos cotidianos. Descubrir que llevo horas y días sin caminar en círculo acechando el mismo absurdo objetivo, sentir esta aversión a repetirme en pensamientos, hipótesis y acciones.

El hoy, presente, apenas inmediato al ayer, resulta más interesante, más obsesionante, más caprichoso y sobre todo necesario.

Una obsesión se conquista y se olvida, o, puede nunca llegar a algo y entonces aburre, que es un poco como verla morir, y cuando muere queda el duelo; duelo de lo que ya no está en nosotros como patrón a repetición, esa sensación brevemente inerte que me confronta con el cambio en mi misma, que no resulta suficiente para seguir impulsando pulsiones de deseo de hallar, lograr, haber... Duelo con todas sus etapas: negación, incomprensión , rabia , culpa, soledad, alivio y paz... Todas y cada una ahí presentes, instaladas a ratos en perfecto orden. Definitivamente es más fácil si se olvidan por conquista que si aburren ...

Todo lo que alababa, admiraba, añoraba como algo demasiado sublime, ahora me parece tan vulgar, tan lugar común, tan descolorido; y esta tendencia mía a huir de lo soso me lo presenta tan detestable... que ya no justifico mis fallas y delirios por aquello que deseaba vehemente conquistar, incluso comprendo las verdaderas razones para haber desistido de ello, y es que... realmente al final podrían ser intrascendentes para mi.

Creo en las acciones mas que en las intenciones...

F!

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